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México en la era de La Gran Transformación

México está en un momento de gran cambio. Nuestra Administración lo denomina La Gran Transformación. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los mexicanos no hemos sido informados del tema en ningún nivel social: empresarial, universitario, técnico, obrero, amas de casa… Ninguno de los ciudadanos tenemos claridad y comprensión del mensaje. Esto nos lleva a no poder analizar la viabilidad del proyecto país y nos causa incertidumbre, sumada al diario acontecer internacional del mercado al que estamos irremediablemente ligados, aparentemente por un destino que no escogimos.

Como ahora sucede también, en el inmediato pasado a esta administración, gobiernos emanados de otras corrientes de pensamiento promercantil han hecho del país lo que han querido. Secundados por una clase empresarial que por conveniencia de intereses privados de una clase élite que recibió grandes beneficios, dañaron al resto de los que trabajamos y arriesgamos tiempo, capital y pequeñas empresas. No podemos dejar de mencionar en este camino a los que han visto disminuir su capacidad de compra y han postergado- hipotecado su futuro por creer en promesas de políticas públicas fallidas por pretensiones desmedidas de unos cuanto de la élite empresarial.

Si nos enfrentamos a un ejemplo elemental para poder comparar el atraso tan grande de México respecto al mundo, basta con percatarse de algo tan simple como el tener servicios de telefonía e Internet caros que propician la falta de dispersión de valiosa información técnica y científica para la gran población trabajadora y estudiantil.

Los expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) evidencian que en México hay un limitado acceso a internet, donde sólo 51% de los hogares cuentan con una conexión de banda ancha para el servicio. Las brechas en el uso del internet impiden el desarrollo de un mercado laboral equitativo. En México, alrededor del 45% de los estudiantes de educación media y superior reciben educación complementada con computadoras con internet en sus escuelas. La media para los países de la OCDE es de 60%.

La desmedida ambición de empresas privatizadas de servicios de comunicaciones a partir de 1993, en pleno Tratado de Libre Comercio (México, Estados Unidos y Canadá) marcaban el momento perfecto de la entrada a la Tercera Revolución Industrial, la de las comunicaciones y sistemas de la información. Desafortunadamente esta etapa se postergó 20 años y México aún continúa saliendo de ella, mientras se queda fuera todavía de la Cuarta Revolución Industrial.

Para que tengamos una idea de lo que se pierde el país con ello, hoy se gesta ante nuestros ojos esa Cuarta Revolución Industrial, producto de la fusión de una serie de tecnologías exponenciales como el Big Data, la Inteligencia Artificial, el Internet de las cosas (IoT), la fabricación aditiva, la realidad aumentada, entre otras, que están difuminando las barreras entre lo físico y lo digital.

Por un lado, nos encontramos ante la generación de las economías conectadas, en la cual el mundo avanza, mientras que en México seguimos padeciendo del atraso que significa tener servicios caros de telefonía celular e Internet. Parece poca cosa lo dicho, pero lo cierto es que estamos en una gran encrucijada nacional donde el ritmo del acontecer mundial esta discordante con el acontecer de México.

En la era digital, el país queda expuesto a la propagación de la desinformación en línea y se mantiene a la zaga del grupo OCDE. Mientras en México el costo de un paquete de 80 llamadas y 100 Megabytes vale 20.93 dólares, en Corea se oferta en 10.84 dólares, lo cual significa que la tarifa que pagan los mexicanos por el mismo servicio resulta 93.8% más cara. De acuerdo con el ‘ranking’ de los países del mundo con mayor velocidad de conexión a internet publicado por la empresa británica de análisis de datos Cable, México ocupa el puesto 85, según el análisis de 200 países a partir de su velocidad promedio de banda ancha en megabits por segundo compilados por la empresa entre junio de 2017 y mayo de 2018.

Estamos viviendo aún y suplicando por una ratificación de un tratado que ha servido a muy pocos, en el que solo hay ganadores que, si los contamos por sectores, alcanzan los dedos de una mano, y estos no representan una derrama económica sustancial que llegue al bolsillo de la mayoría porque se detiene en provecho de una élite.

Ejemplo de ello es que este gran tratado no ha podido lograr ni siquiera un encadenamiento productivo, ya que las políticas públicas no han sido suficientes para crear cultura de calidad, empezando por la administración pública, la cual debe permear a las bases, sindicatos, empresas, universidades a través de vinculación empresa-clase trabajadora-escuela.

El nuevo TLC que en esencia es el mismo ahora rebautizado T-MEC (USMCA por sus siglas en inglés) traerá más de lo mismo, el beneficio de una élite, solo que ahora, en plena gran transformación global, no es momento de continuar sin entender el panorama mundial y los negocios internacionales. Ante la guerra comercial desatada sin real estrategia de nuestro socio comercial (Estados Unidos), el único aliado valioso es México, porque es el que sigue teniendo la tierra barata para construir; el que cuenta con la mano de obra necesaria que ocupa además educación, capacitación y mejor salario, en ese orden.

Por todo ello, podemos ver que seguimos teniendo ventaja geopolítica de ubicación y una población noble con deseos de alcanzar sueños. Me parece que la figura de maquiladora, la cual se practica desde 1971, debe ser también modificada y dar paso a una estructura, no sólo de nombre, sino también que provea una real derrama no en impuestos para crear una burocracia obesa, sino para resolver los problemas de seguridad, educación e inversión para la creación de la infraestructura que se ocupa para que venga otro tipo de inversión que ahora no tenemos, la inversión de Asia.

El siglo XIX fue de Europa, el XX de Estados Unidos y el XXI es de Asia. Seguimos en una relación de conveniencia mal negociada que de cambiar México tiene un gran momento y no está para perderse. No podemos seguir así, no podremos salir a la calle y caminar por la acera o las plazas ante el gran coraje y descontento de los que han sido abandonados por malas políticas públicas que den inclusión social y responsabilidad del empresariado que se ha enriquecido gracias a veces a la mala planeación, y otras al abuso del más desposeído.

La nueva administración tiene ante sí el reto de un mundo que se está transformando radicalmente a través de la tecnología, sin embargo, los beneficios serán únicamente para quienes sean capaces de innovar y adaptarse. Por ello, México urge destinar mayores apoyos a la investigación básica, el desarrollo tecnológico e innovación, con objetivos alineados a las nuevas tendencias tecnológicas que marcan la pauta actualmente a nivel mundial: cómo aprovechar la Inteligencia Artificial, el Big Data, la impresión 3D y el Internet de las Cosas para mejorar los procesos productivo.

La revolución digital está generando profundas transformaciones en las economías y sociedades. Las tecnologías digitales pueden jugar un papel clave para alcanzar las Metas de Desarrollo sustentable, otorgando fuentes de inversión en infraestructura digital. El uso efectivo del internet no sólo repercute en el sistema educativo de los países por el rezago en las habilidades desarrolladas sino también limita el desarrollo de nuevos modelos y oportunidades de aprendizaje como los cursos en línea o los estudios a distancia.

Este nuevo gobierno de la República tendrá que enfrentar los retos de la modernización, la automatización y el cambio tecnológico que, si no se controlan adecuadamente, agudizarán las condiciones de desigualdad y de explotación laboral. México tiene razones para tener esperanza de su futuro en esta nueva era industrial, pero también mucho trabajo por delante.

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